


La causa del comportamiento del virus está en que esas mujeres tienen una mutación genética que hace que les falte una proteína, la CCR5. Esta molécula es clave para que el VIH se una a os linfocitos y los ataque. Si las prostitutas africanas que no tenían la CCR5 se libraban del virus, ¿cómo imitar ese comportamiento en otras personas? La solución es bloquear estas proteínas.
El resultado es un fármaco, el maraviroc de Pfizer; el primero de los bloqueantes de la CCR5. “Se trata de una revolución comparable a la terapia combinada de 1995″, dijo ayer Santiago Moreno, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Por primera vez un fármaco actúa antes de que el VIH entre en los linfocitos que parasita. De esta manera, se espera que apenas haya efectos secundarios. De momento, sólo las personas que tienen un virus resistente a las otras familias de medicamentos serán tratadas, y, dentro de ellas, las que tengan un virus que use el CCR5. En total, unas 1.500 personas en España para empezar, calcula el laboratorio, que cobrará 9.700 euros al año por el tratamiento.

