Alguna vez ocurre que después de haber dormido poquito uno va a trabajar. Si en tu trabajo te mueves de un lado para otro puedes combatir la modorra dígnamente pero si trabajas sentado en una oficina la cosa puede ser un poco más complicada…
Tras un duro día agotador lo más normal es acabar tirado por los suelos cuando va llegando la noche. Pues eso también le pasa a nuestros queridos amigos los perros. Fijaos este como le empiezan a dar unas cabezadas asombrosas:
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