Mandi Hamlin sufrió hace un mes escaso, lo que probablemente habrá sido y será la mayor vergüenza que pasará y ha pasado en su vida. La mujer quería volar con toda la tranquilidad del mundo desde Lubbock a Dallas. Todo iba bien, incluso pasó correctamente por el detector metálico. Pero luego, un agente de la TSA (Agencia de Seguridad y Transporte), le hizo una exploración individual con un detector de metales, y claro, el detector sonó justamente cuando pasó por delante de los pechos de esta mujer de 37 años.
La mujer le explicó que la razón por la que pitó era porque tenía dos piercings en los pezones y aunque le dijo de quitárselos, ella obviamente respondió que no podía. Aún así, tuvo que enseñar sus pechos a una agente femenina para comprobar que realmente eran piercings y no otra cosa más peligrosa.
Acto seguido, la llevaron a una habitación donde detrás de una cortinilla debía quitarse los piercings si quería viajar. Pudo con el primero, pero no con el segundo, para el que tuvo que pedir unas tenazas.
Mandi asegura la angustia y vergüenza que tuvo que pasar, no sólo por tener que quitarse los piercings con la ayuda de un maniquí, sino también porque mientras se los quitaba escuchaba las burlas y risas de los agentes.
Tras todo esto, Mandi ha demandado a la TSA por acoso y vulneración de sus derechos, en la que afirma que se sintió "terriblemente humillada y un dolor físico enorme para ponerse de nuevo los piercings".
"No deseo esta experiencia a nadie. Mi experiencia con la TSA fue una pesadilla que tuve que aguantar. Nadie merece ser tratado de esa manera".








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