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viernes, 3 de octubre de 2008

VALIOSA ANTIGÜEDAD ROTA: YO NO FUI

Un especialista en conservación de obras de arte fue despedido por haber "arreglado" una antigüedad con pegamento en vez de denunciar la rotura.

Cuando uno comete un error muy grave y espera no ser descubierto pasa varios días de terror extremo y paranoia. Sin embargo, con el correr de las semanas cuando el accidente o la equivocación van quedando atrás y los resultados del yerro pasan inadvertidos uno se empieza a relajar. Y cuánto más si en todo un año nadie nota lo que hemos hecho. Hasta que un día como cualquier otro, cuando menos recordamos el asunto…

En China, Yang Fu hizo pomada una escultura de un pájaro de más de dos mil años de antigüedad. Más específicamente un tesoro que testimonia las manifestaciones artísticas de la dinastía china Han. En realidad… para ser exactos no fue Yang en persona el que la rompió, si no dos subalternos que se encargaban de su traslado. Pero él en vez de denunciar el suceso se llevó a los empleados a un depósito y pegó con cola común el pico del ave al resto de la cabeza. Y, mis amigos, ¡aquí no ha pasado nada, eh!

Recientemente el Burau de Cultura de la ciudad de Wuwei estaba seleccionando obras de arte para una muestra y descubrió el disimulo. Más de un año después. Yang fue despedido por la Administración Provincial del Patrimonio Cultural.


viernes, 11 de julio de 2008

El caso de Antonio Gilipollas Caraculo

Aquí tenemos el espeluznante caso de un hombre que, según las facturas de Gas Natural, se llama Antonio Gilipollas Caraculo. En realidad ese no es su nombre, sólo que los lo de Gas Natural también deben divertirse en las horas muertas:




via

martes, 15 de abril de 2008

Con un piercing en una teta, olvídate de volar

Mandi Hamlin sufrió hace un mes escaso, lo que probablemente habrá sido y será la mayor vergüenza que pasará y ha pasado en su vida.

La mujer quería volar con toda la tranquilidad del mundo desde Lubbock a Dallas. Todo iba bien, incluso pasó correctamente por el detector metálico. Pero luego, un agente de la TSA (Agencia de Seguridad y Transporte), le hizo una exploración individual con un detector de metales, y claro, el detector sonó justamente cuando pasó por delante de los pechos de esta mujer de 37 años.

La mujer le explicó que la razón por la que pitó era porque tenía dos piercings en los pezones y aunque le dijo de quitárselos, ella obviamente respondió que no podía. Aún así, tuvo que enseñar sus pechos a una agente femenina para comprobar que realmente eran piercings y no otra cosa más peligrosa.

Acto seguido, la llevaron a una habitación donde detrás de una cortinilla debía quitarse los piercings si quería viajar. Pudo con el primero, pero no con el segundo, para el que tuvo que pedir unas tenazas.

Mandi asegura la angustia y vergüenza que tuvo que pasar, no sólo por tener que quitarse los piercings con la ayuda de un maniquí, sino también porque mientras se los quitaba escuchaba las burlas y risas de los agentes.

Tras todo esto, Mandi ha demandado a la TSA por acoso y vulneración de sus derechos, en la que afirma que se sintió "terriblemente humillada y un dolor físico enorme para ponerse de nuevo los piercings".

"No deseo esta experiencia a nadie. Mi experiencia con la TSA fue una pesadilla que tuve que aguantar. Nadie merece ser tratado de esa manera".